INVENTANDO.
Una de las cosas que más me apasiona es inventar, y aunque no lo crean, esa afición me ha generado una gran cantidad de trabajo que en la mayoría de los casos la única ganancia que me deja es la satisfacción de haberlo intentado. Algo que me pasa con mucha frecuencia es que me propongo un proyecto, pero cuando lo voy a ejecutar no cuento con todas las herramientas o los materiales necesarios. Es allí cuando la cuestión se vuelve más emocionante, porque en medio de la necesidad veo como emerge a la superficie una de las herencias más valiosas que hemos obtenido de Dios al ser hechos de su esencia: LA CREATIVIDAD. Cuando lo tenemos todo a mano, simplemente hacemos, pero cuando algo falta tenemos dos posibilidades: crear o darnos por vencidos.
No podemos negar que en ciertas ocasiones nos sentimos en una gran desventaja debido a aquello que no tenemos. Nuestras carencias pueden llamarse: dinero, talento, conocimiento, salud, etc... pero siempre nos acompañarán sin importar nuestra raza o posición social. De hecho, Dios nos creó de tal manera que aunque tengamos todo lo que el esfuerzo humano pueda lograr, sigamos con una necesidad: la necesidad de adorar, es decir, de vivir para Él. Muchos se sienten desorientados porque tienen esa carencia y no saben como llenarla, así que intentan reemplazarla con cosas que tienen principio y fin, como por ejemplo: un trabajo, un hobby, un vicio, o cualquier otra cosa; lo cierto es que Dios tiene una de las piezas que nos faltan y no podemos perder la oportunidad de obtenerla. Cuando tengas a Jesucristo en tu corazón descubrirás tu total potencial y en vez de rendirte, alcanzarás lo que te propongas. Ahí mismo donde estás pídele a Jesús que se encaje en tu corazón y ejercita la creatividad que Él nos dio para encontrar lo demás.







