UN MUNDO AMABLE

Era una mañana como cualquier otra y Gilian, después de una noche de descanso se despertaba con muchas ganas de seguir durmiendo, pero con mucho ánimo para emprender un nuevo día. Al levantarse de la cama se dio cuenta que ya el desayuno estaba servido y que su esposo había decorado la mesa de una forma muy especial, con algunas flores que había tomado del jardín y que llenaban la casa de un aroma fresco y muy relajante. Los niños por su parte ya estaban de pie, bañados, vestidos y totalmente preparados para ir al colegio. En ese momento pensó:

«¿Será que me quede dormida?»

Pero al ver el reloj del comedor se dio cuenta que aún era temprano, que se había despertado a la misma hora de siempre, pero todo estaba en perfecto orden. No habían peleas ni gritos entre los niños, no había desorden y le estaban atendiendo como una reina, todos muy sonrientes y pacíficos...

«Ya va, ¡algo está pasando aquí!»

Y empezó a tratar de recordar si era una fecha especial, porque esas atenciones no eran nada cotidianas, pero eso no era todo... Al momento de ir a su automóvil para llevar los niños al colegio y dirigirse a su trabajo, observó que estaba impecable y al otro lado de la acera estaba su vecino adolescente sentado, con el tobo, el jabón y todo lo que había usado para limpiarlo.

«¿Y quién le dijo a éste que me lavara el carro? Ahora me va a cobrar lo que le dé la gana...»

Mira ¿y cuanto te debo?-.
¿Por que?- le respondió el muchacho.
Por lavarme el carro, pero déjame decirte algo, no me vayas a sacar los ojos queriéndome cobrar una fortuna porque tú a mi no me preguntaste si yo quería que me lavaras el...- Pero el muchacho la interrumpió.
¡No señora! ¿Cómo se le ocurre?, yo solo vi que el carro estaba sucio y se lo lavé, ¡pero no le voy a cobrar nada!-.

«¡Ahora si es verdad que no me cuadra nada!»

Ah bueno... ¡Muchas gracias!

Esto la confundió más, pero era poco para lo que le venía. En el trayecto de la casa al colegio no había trafico, cada quien iba por su carril, cedían el paso, se paraban en el semáforo y lo más sorprendente de todo ¡nadie tocaba corneta!

Los niños le dieron un besito, se bajaron del carro y tomados de la mano Tomás y Paola (sus hijos) se voltearon y le gritaron en coro:

¡Te queremos mami!-.

Le pareció increíble y una sonrisa surgió de sus labios y prosiguió a su trabajo, pero con una confusión que la aturdía.

Aunque le parecía un milagro, sucedió algo extraordinario. Al llegar al estacionamiento de la empresa donde trabajaba (donde la rivalidad y la competitividad llegaban a extremos insospechados) vio que cada auto estaba correctamente estacionado, dejando espacio suficiente en cada lado y cada quien en su puesto asignado...

«¡No puede ser! ¿Ningún abusador se paró o me trancó el puesto hoy?»

Aunque no salía de su asombro, todavía había algo más. Entró al edificio de oficinas y su amargado jefe al verla venir, le pidió al ascensorista que esperara a que ella llegara para no hacerla esperar y la saludó un un beso y un abrazo, tal cual como un padre lo hace con un hijo.

¡Hola Gilian hija! ¿Cómo estas?-.
Bien señor... ¿Y usted?-.
¡Feliz! ¡Muy feliz!

Cuando le dio la espalda a la puerta del ascensor frunció el ceño, pero al entrar en su área de trabajo, en donde habían alrededor de doscientos barullosos cubículos llenos de actividad; en vez de encontrarse con el campo de la batalla del estrés y la envidia, encontró silencio unido a una dulce melodía de música instrumental, sonrisas, saludos y un afecto indescriptible. Cuando llegó a su espacio encontró un globito de carita feliz con una nota que decía:

“¡Que tengas un excelente día de trabajo! ¡Te queremos mucho!”


«¿Que esta pasando Dios mio?» fue lo único que pudo pensar en ese momento.

El día transcurrió excelente y fuera de lo normal, pero Gilian siguió sospechando y buscando el por qué de ese ambiente tan armonioso, aún desconfiando de todo... por más que indagó se dio cuenta que no era un día de fiesta, ni había pasado nada extraordinario con ella para recibir esa atención, y sin dubitable llego a la conclusión:

«¡Claro, ésto no está pasando! Es un simple sueño... ¡Despiertateeeeeeeee.... DESPIERTATE!»

Se pellizcó durísimo, y también le dolió muchísimo... toda esa experiencia era demasiado surrealista para ella, pero no le quedó otra opción que aceptar que había despertado en un extraño “mundo amable”.

¿Te imaginas que algo así te sucediera? Estamos tan acostumbrados al maltrato, al abuso, a la envidia, al egoísmo y a una sociedad tan falta de amor que pensamos que éste ideal solo puede formar parte de un cuento. ¡Pero aún hay esperanza!. Jesucristo vino a este mundo y entregó su vida con la finalidad de restablecer el más puro y original proyecto de Dios para la humanidad: “Su Reino”. Los que creemos en Cristo, estamos en la actualidad esforzándonos individualmente por desarrollar su carácter en nuestras vidas, un modelo de integridad y amabilidad que nos permitirá ser ciudadanos de ese Reino. Creemos la promesa que Él volverá a establecer el orden, acabar con la maldad y a establecer un mundo lleno de amor y de paz.

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SANA DIVERSIÓN.

¿Se han sentido solos a pesar de estar rodeados de personas? Bueno, yo sí... y he aquí la historia...

Habíamos tenido un tiempo muy alegre ese día, nos reunimos en casa de Roberto, e hicimos una “vaca” para juntar dinero y disfrutar de una “vaca” a la parrilla. Como en todo “evento social amigable”, compramos unas cervecitas para relajarnos un poco y retomar la posibilidad de reírnos de los demás y hasta de nosotros mismos. Planificamos una velada típica, entre compañeros de clase que quieren desestresarse luego de unos exámenes finales.

Todo transcurrió normalmente en los preparativos, la salida a comprar las cosas y al desarrollar nuestra fiestecita entre panas. Como era tan normal a Lucio se le ocurrió una brillante idea, de sumarle a nuestra diversión un juego de mesa para amenizar este tiempo y activar un poco nuestro cerebro que poco a poco sería afectado por el alcohol. A las muchachas les pareció machista el que todos los hombres se sentaran a jugar dominó y las dejaran a ellas hablando de otras cosas, así que Daniela aportó una idea importada de algún lugar donde el ocio era tan poderoso que despertaba la imaginación.

¡vamos a jugar “tridente” mejor!, sugirió de forma animada.-
Pero ¿Cómo se juega eso? Fue la pregunta generalizada.-

Ella empezó a explicarnos un juego que se hacía con las piedras de dominó boca abajo y todos sentados en círculo; cada quien tendría su turno y cada numeración de las piedras del dominó al voltearlas indicaría que una persona debía tomar un buen trago de cerveza. La novedad entusiasmó a todos y empezamos a jugar, al rato la bebida se acabó, pero como el entusiasmo era tan grande, fueron a buscar más, ustedes saben, para pasar el tiempo mientras estaba lista la parrilla.

El jueguito resultó ser bien entretenido y nos dieron las cuatro de la madrugada castigándonos los unos a los otros con las piedritas de dominó, porque llegó un momento en que el juego parecía un castigo, pero como nos parecía tan divertido ver sufrir a los demás en medio de la borrachera y el vómito, no pudimos parar hasta que todo lo que “era bebible” se acabara.


A pesar de que el cuerpo ya no aguantaba más, nos sentíamos demasiado relajados después de una locura como esa y casi todos estaban de acuerdo en que esa ocasión se repitiera. Salimos de casa de Roberto y cada quien se montó en un carro. Yo había planificado irme en taxi, pero en medio de la euforia todos se ofrecieron a llevarme y aproveché la oportunidad. La música estaba a todo volumen y yo llevaba la cabeza recostada de la guantera porque no tenía fuerzas para sostenerla en alto, todo me daba vueltas y pensé que sería adecuado sentarme en la ventana, con el cuerpo afuera para tomar “un poco de brisa”. Lo último que recuerdo fue la sensación de velocidad y lo duro que golpeaba el viento en mi rostro...

Según lo que he escuchado tengo nueve meses en este estado. No estoy bien claro que me pasa, pero no puedo mover los brazos ni las piernas. Tengo una sensación de picazón en el pecho desesperante, pero no me puedo rascar y cuando trato de hablar para pedir ayuda no me sale la voz. Al parecer los que me rodean no me toman en cuenta porque solo se me acercan y me ven con lástima y niegan con la cabeza. Solo veo frecuentemente una señora que me da de comer, me baña con un trapito, me voltea, y me cambia el pañal. Parece que volví a nacer, pero me siento grande. No sé si estoy en una familia nueva,o es la misma que tenía antes, porque aquellos que me criaron con amor ahora solo los veo de vez en cuando. Mis amigos no los he visto desde hace bastante tiempo, de aquellas borrosas imágenes cuando estaba en el hospital y las voces que decían “tranquilo que vas a salir de ésta”. Definitivamente me siento solo, porque por más que pueda escuchar y ver parcialmente todo lo que pasa a mi alrededor, nadie lo sabe y progresivamente han dejado de recordarme y de tomarme en cuenta, es como estar muerto en vida...

Ésta historia no es de una persona en particular, sino de miles de jóvenes que en la flor de la vida, han sufrido accidentes automovilísticos y han quedado cuadripléjicos (paralizados del cuello hacia abajo), solo por “un momento de diversión”. La intención no es buscar culpables, ni señalar a nadie, lo que si queremos es pedirte es que aprendas a diferenciar entre la “sana diversión” y la que no lo es. No expongas tú vida a la tragedia. Si tomas no conduzcas, ni te montes en un vehículo de alguien que éste ebrio, es más, debemos aprender a reírnos, a ser felices, y a alegrarnos desde adentro hacía afuera y no al revés. El consejo para los que leen éste artículo lo he extraído de la Palabra de Dios, que es la fuente más excepcional de vida sobre el planeta tierra, y dice: “... no debemos ser como los demás ni estar dormidos, sino estar alertas y tener dominio propio. Pues los que duermen, duermen de noche y los que se emborrachan, se emborrachan de noche. Nosotros pertenecemos al día, así que debemos tener control de nosotros mismos, protegiéndonos con nuestra fe y nuestro amor, y usando la esperanza de salvación como un casco protector”. 1Timoteo 5:6-8.

“Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”

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CRECER Ó MORIR.

Yupke era el menor de 5 hijos. Su familia era una de las más respetadas en la comunidad. Su padre, sus hermanos y sus antepasados tenían muy buena fama como cazadores, a tal punto de que siempre fueron la familia mejor abastecida, y con más comodidades de toda la comarca. Y es que a pesar de la aparente "miseria" en que cualquier persona de la ciudad hubiese pensado que ellos vivían, tenían todo lo necesario para subsistir como "ricos" en ese ambiente tan hostil.

Sus preocupaciones no consistían en tener bienes materiales, ya que en su cultura las posesiones no significaban mucho. La palabra "riqueza" tampoco se conocía; bastaba con tener alimentos, fuego y fuerza, para seguir adelante y sobrevivir; eso era lo que en realidad tenía sentido para ellos, vivir un nuevo día.

La vida de Yupke se desarrollaba despreocupadamente hasta que llegaron sus dieciséis campañas, es decir, desde que había nacido, habían pasado dieciséis veces en que su padre y sus hermanos mayores habían salido de cacería (esto era aproximadamente ocho años, ya que cada campaña de caza duraba tres meses y se conseguía alimento suficiente para medio año). A pesar de que había acompañado a su familia en dos ocasiones anteriores a cazar, en esta ocasión Yupke debía empezar a cuidarse por si solo. Esto traía como consecuencia hacer el rito de iniciación a la adultez, lo que lo convertiría en un hombre, con derecho a pensar por si solo y a tomar decisiones.

El rito consistía en que Yupke debía conseguir una anaconda (una serpiente constrictora) de su estatura y luchar con ella hasta estrangularla con sus propias manos, luego se la debía llevar a su padre para que este hiciera un bolso con el cuero de la boa (un saconda), que distinguiría a Yupke como un adulto, y que le permitiría poseer todo lo que pudiese guardar dentro de él. El no pasar esta prueba, tenía como consecuencia no tener derecho a expresar sus pensamientos, ni a tomar decisiones, lo que lo convertiría en un niño solitario que debía esperar dieciséis campañas más para una nueva oportunidad.

El momento llegó y a Yupke no le quedaba otra opción. Había una gran excitación entre las personas de la comarca, y aún más entre su familia, porque para los tripatas, el momento más crucial de la vida, era hacerse un adulto. Lo despidieron en medio de gran algarabía en una fiesta comunal, llena de cánticos y celebración, para darle ánimos y fuerza para el camino.



El niño se adentro solo en la selva, sin más nada que una cantimplora con suficiente agua para unos días, (aunque podía tardar semanas en conseguir el tan preciado trofeo).

Hacía mucho calor y Yupke tenía un día y medio caminando entre matorrales y arbustos sin parar, estaba sudado, cansado y con hambre. Decidió detenerse un momento, se sentó y se quedó pensando...

«¡Que hambre tengo, me arde el estómago y siento como si tuviese un ratón en los intestinos!»

Así se quedo inerte un rato. Con la fuerza que recuperó se paró de un salto, y con una piedra en la mano corrió selva adentro a buscar una presa. Al poco tiempo logró derribar un pájaro grande, que no volaba, parecido a un gallina. Lo asó y se lo comió; después, con su estomago satisfecho se propuso descansar y cayó en un sueño profundo. Al despertar se había hecho de noche, se sentía reconfortado y con muchas energías, pero la luz de la luna no era suficiente como para caminar por la selva, así que decidió esperar los primeros rayos del sol para emprender su camino hacia la adultez. En medio de la humedad y el frío de la noche se acurruco junto a un árbol y se puso a pensar, hablando consigo mismo.

-El ritual, el ritual... si ellos supieran el miedo que le tengo a las culebras. ¡Parecen locos! mandarme solo a esta selva sin armas y solo con agua, yo creo que no quieren que me haga hombre, sino más bien lo que quieren es matarme-.

En ese instante surgió la voz de su conciencia:

-¡No seas llorón! recuerda que perteneces a la familia de los mejores cazadores, y que te han enseñado todo lo que debes saber para cumplir con tu misión, ¡esa es tu casta!. Además no puedes romper con la tradición de tus ancestros, ¡serías el hasmerreír de toda la comarca!-

- Que tradición ni que tradición, yo no quiero ser hombre todavía, quiero jugar con mis amigos, bañarme en el río, correr, hacer cosas de niño, ¡no ésta porquería!...-

La consciencia lo interrumpió.

-¡No seas gafo!, todos quieren ser hombres y tener su “saconda” (saco de anaconda) para tener sus propias cosas...-

-Pero yo estoy bien así, además no sabría que meter allí, y me parece estúpido que crean que no puedo pensar y tomar decisiones sin hacer ésto; nadie me puede leer la mente, y no todo el tiempo pueden vigilarme, así que voy a disfrutar ahora, piensen lo que piensen, no me importa.-

Y allí termino la conversación...

Amaneció y el se dispuso a continuar su camino. No sabia adonde iba y se había desorientado lo suficiente como para no regresar, pero al seguir avanzando, un pensamiento surgió en su cabeza:

«¿Y si no regreso más? ¡Jajajaja, esa es la solución!»

Desde ese momento hubo una rebelión en su mente; en realidad había resuelto no regresar. Empezó a planificar que podría hacer para que no lo encontrarán, y se mentalizaba en el hecho que viviría totalmente solo, lo que era el precio de su libertad. Estaba decidido, pero era difícil elegir los pensamientos que llegaban a su cabeza, porque su cerebro funcionaba a millardos de revoluciones por segundo; situación que su conciencia aprovechaba para agredirlo, trayendo a su memoria recuerdos, recuerdos gratos de su mamá, de sus hermanos, de sus amigos e inclusive de su papá, el mismo que lo había mandado a ese destino incierto. Toda esa mezcla de emociones lo confundía y empezó a dudar...

«¿Será que consigo esa serpiente? así todos verán que soy capaz y valiente y me respetarán como a mis hermanos. Si no vuelvo pensarán ó que he muerto (cosa que pondría mortalmente triste a mamá) ó que soy un cobarde (lo que deshonraría a la familia)»

Esos pensamientos fueron destruyendo rápida y sistemáticamente todos los planes que había forjado antes, y la tradición indirectamente continuó su influencia, tomando cada vez más fuerza. Habiendo pasado cinco días desde su partida de la comarca, decidió volver a comer y descansar un rato para ir en búsqueda de su destino.

La comida lo dejó medio atontado y decidió descansar un momento antes de seguir. Se acostó junto a una palmera y estando adormitado sintió que algo apretaba su pie derecho con mucha fuerza, esto lo hizo despertar. Para su sorpresa, era una anaconda, tal cual como la que él necesitaba.

«No puedo escapar de mi destino,la anaconda vino por mí, al fin y al cabo, las costumbres me han alcanzado, ¡soy un tripata y está es mi obligación!»

Y así empezó su lucha, destrabándose el pie desesperadamente del vientre de la culebra. Después de aproximadamente cinco minutos logró zafarse por completo y estaba de pie. Un silencio mortal lo rodeaba y en igualdad de condiciones, estaban en medio de ese claro solo él y la anaconda. Por un momento pensó en salir corriendo y no exponerse, pero la conciencia empezó a hablarle de nuevo...

- No seas un fracasado, tú bien sabes que lo más acomodo es estar en la comarca con tu familia, además si no regresas vas a poner a tu gente como el centro de la burla, y aquí en el monte, tarde o temprano morirás de sed ó devorado por una bestia-.

Ésto fue fulminante para él, pensar en la comodidad de su choza, en compartir con sus seres queridos, y en no romper con las barreras que su sociedad le había impuesto (aunque sabía que no eran aceptables moralmente, y mucho menos justas).

Los pensamientos lo volvieron ciego, sordo y mudo, y sin razonarlo, se lanzó sobre la anaconda, en una batalla feroz y sin tregua. Él trataba de halarle la cabeza, pero las fauces de esta eran extremadamente fuertes e intentaban morderlo; en un momento y gracias a la acción de la adrenalina sacó fuerzas de donde no tenía y logró abrirle la boca con una mano, mientras con la otra empezó a hendirle su pulgar en el paladar tratando de romperlo para llegar a su cerebro y matarla. Cuando estaba a punto de lograrlo sintió un calor que recorría su mano, al mirar se dio cuenta que era su sangre. Al ver su fluido rojo fluyendo por el brazo empezó a marearse y en un segundo cayó desmayado. Después de una dura batalla, la serpiente tuvo su oportunidad y aprovechando la situación lo tragó sin masticar.

No hubo ni anaconda, ni bolso, ni adultez, ni familia, ni nada. Cuando nos cegamos por mantenernos cómodos o por ser obedientes a las tradiciones el resultado que obtenemos es simplemente NADA.

Abre tu corazón y busca el significado y propósito de tu vida, observa las situaciones y si puedes evitar las anacondas hazlo. Busca a Dios y evita que la tradición te aleje de encontrar la felicidad y el verdadero significado de tu existencia.

...Tengan cuidado. No presten atención a los que quieren engañarlos con filosofías y tradiciones que parecen contener sabiduría, pero que sólo son enseñanzas humanas... Carta del apóstol Pablo a los Colosenses 2:8.

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SACRIFICIO POR AMOR.

Caminaba determinado y de frente, las gotas de sudor bañaban toda su cara y un leve temor lo envolvía, pero no se podía arrepentir. El lugar parecía perfecto; muchas personas, un espacio cerrado, y varios soldados del bando enemigo, tal cual como le habían explicado. Aunque lo habían planificado muy bien él ya no pensaba en eso, es más, ya no pensaba en nada. Era su oportunidad de llenarse de gloria, no había vuelta atrás.

De repente comenzó a contar en su mente: cinco, cuatro, tres, dos, uno... Una fuerte y estruendosa explosión cerró esta cuenta regresiva, haciendo que todo lo que estaba a 30 metros a la redonda volara en pedazos incluyéndose a él mismo.

¿Por qué lo hizo? Porque deseaba tener una vida eterna. Su deseo era cumplir con la voluntad de su "dios" y poder vivir con él por siempre. Según sus costumbres y sus conceptos religiosos, todos aquellos que no comparten su sistema de creencias no son semejantes, sino enemigos. ¡Sí! enemigos a los cuales había que destruir; solo así podrían limpiar la tierra y cumplir con la voluntad de ese ser “superior”. Su sacrificio sería lo que le abriría el paso a una eternidad.

El concepto de un dios sin amor, solo tiene un fin destructivo... a diferencia de éste, existe un verdadero Dios que es amor, que ve a todos como iguales por ser su creación y que espera que de manera voluntaria, cada ser humano decida convertirse en su hijo. Él no exige nuestros sacrificios, porque su propio hijo, decidió entregarse por todos nosotros buenos y malos. Permitió que lo sacrificarán para que no tuviéramos que hacerlo nosotros, hizo que cada gota de su sangre se derramara en la cruz, porque tú propia sangre no alcanzaría para pagar la deuda por todas las faltas de la humanidad.

¿Qué espera Dios de nosotros? que creamos en Él, que decidamos agradarle en todo lo que hacemos y que reconozcas sinceramente que el sacrificio de Jesucristo fue suficiente para darte una eternidad con Él.

Dios dijo a través del profeta Isaías lo siguiente: “¿Para qué me traen tantos sacrificios? Estoy cansado de sus sacrificios...” No puedes hacer un sacrificio mayor que el que Cristo hizo, así que decide de corazón amar a tus semejantes como Dios te ama a ti. Recuerda que “todos” los seres humanos fuimos creados a “imagen y semejanza de Dios” así que tú prójimo no es solo aquel con quien te llevas bien o quien te ama, ¡tú prójimo es la humanidad!.

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ACECHADO

Eran las tres de la madrugada cuando abrió los ojos. Su corazón jadeaba con una intensidad impresionante y estaba totalmente sudado; acababa de tener una pesadilla tan vívida que parecía real. En su habitación el silencio era total, tan puro, que se podía escuchar el silbido de la nada y en medio de tanta oscuridad el terror de la pesadilla permanecía como si siguiera durmiendo.

A pesar del miedo que sentía decidió sentarse en la cama, porque por alguna extraña razón todo el cansancio y el sueño que lo condujeron a ella habían desaparecido por completo. Estando sentado, reviso sus alrededores hasta donde la oscuridad le permitió ver para cerciorarse de que no seguía soñando, sin embargo, algo seguía inquietándolo y su ritmo cardíaco seguía acelerándose, la respiración se le entrecortaba y la sensación de temor no cedía.

Pensó en acostarse de nuevo y esconderse debajo de las sábanas, pero hacía un calor sofocante y entendía que esa no debía ser la actitud de una persona de su edad, así que decidió permanecer sentado en la cama. Trató de no recordar la pesadilla, pensando en otras cosas, pero seguía revisando cada rincón del cuarto con inquietud. A pesar de sus intentos por retomar la calma, se sentía acechado y la noche transcurría, sin paz y sin poder conciliar el sueño... pensaba en la ardua jornada de trabajo que tendría en la mañana y de lo importante que sería terminar de descansar, pero se había desvelado y no mostraba síntomas de poder seguir durmiendo.

Entre el miedo y el desvelo, sintió la necesidad de compañía. Lo primero que se le ocurrió fue prender el televisor. Pensó que hacer eso lo distraería y disiparía el temor. Todo iba muy bien hasta que le dieron muchas ganas de orinar. Prender el televisor con el control remoto estaba bien, pero pararse de la cama para ir al baño era un reto que no estaba dispuesto a vencer. Se convenció de que podría retener las ganas hasta que se hiciera de día. Después de una hora debatiendo si levantarse o no, ya no había vuelta atrás. La sensación se había hecho insoportable, pero luchaba con el miedo; cuando ya estaba a punto de gritar del dolor se paró corriendo de la cama y con los ojos cerrados fue tanteando las paredes y dirigiéndote al baño lo más rápido posible. Buscó el interruptor de la luz, pero ya en la recta final cuando estaba a dos pasos de la poceta sintió un chorro caliente que corría por su pierna...

Este relato parece pura ficción, pero es una realidad que muchos adultos enfrentan hoy día. El temor a lo desconocido y la sensación de soledad son emociones que no tienen barrera social, ni de color, ni de creencia, ni de cultura. Hemos pensado que nuestra compañía puede estar en un televisor, una computadora, o cualquier otro artefacto electrónico. Nos hemos olvidado que de día o de noche, en cualquier lugar en donde estemos, a cualquier hora, tenemos a un Dios que con amor nos observa, nos cuida y al cual podemos acudir. Cuando te despiertes a mitad de la noche, en completa soledad, recuerda que Dios te hace compañía, y que su oído está atento a escuchar tus temores; aprovecha esos momentos e invoca el nombre de Jesucristo y Él vendrá a darte paz. No pongas tu seguridad en aparatos eléctricos, porque cuando se agote su fuente de poder ó se descompongan seguirás totalmente solo.

Recuerda que puedes confiar en aquel que es omnipotente, omnipresente, omnisciente y eterno, no hay nadie que lo superé, no hay lugar donde no esté, no hay nada que no sepa y jamás se acabará. Está accesible a través de la fe y a la distancia de una oración.

Espero que a partir de hoy decidas acudir a Él. Te recomiendo que no sigas esperando, quizás después sea muy tarde.

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DE SIMPLE A SUPER

Una de las imágenes más vívidas de los superheroes que admiraba en mi infancia es cuando Clark Kent, el tímido reportero del diario el planeta entraba en la cabina telefónica con su apariencia de cerebrito y salia convertido en superman, el hombre de acero. ¿Cuantos de nosotros no hemos andado por ahí con una “S” en el pecho...? pero no de superman, sino de simple. En lo profundo de cada ser humano, hay un deseo de encontrar esa “caseta de teléfono” que nos permita saber cual es el motivo por el cual estamos en este planeta, y salir de ella transformados en un ser poderoso.
No quiero especular, pero puedo asegurar que ya encontré mi “caseta de teléfono” y te voy a contar como fue posible, pero a través del relato antiguo y verídico que me hizo encontrarla a mi.
Un par de pescadores estaban echando las redes cuando un hombre de mirada profunda y voz segura los llamó y les dijo: “Síganme. En lugar de pescar peces, les voy a enseñar a ganar seguidores para mí” -lo que me impresionó, es lo que pasó enseguida- “En ese mismo instante, Pedro y Andrés dejaron sus redes y siguieron a Jesús”.

Durante cierto tiempo estuve cuestionando esta historia y pensando en que cosa tan especial les había ofrecido Jesús a estos hombres para que hubieran dejado todo para seguirlo y “ganar seguidores para Él”. Para mi algo no encajaba, pero un día encontré la respuesta.

Cuando Pedro y Andrés se encontraron con Jesús realmente se encontraron con ellos mismos, y encontraron su verdadero potencial, por eso no dudaron en seguirlo. Ese encuentro fue su “caseta de teléfono”. Cuando entendí esto, quise experimentarlo personalmente, así que le pedí a Jesucristo que me mostrara quien era, y el resultado es estar escribiendo reflexiones como ésta y ganando seguidores para Él. Por supuesto que tengo un trabajo y una bella esposa que atender, pero todos los aspectos de mi vida cobraron sentido a través de ese encuentro. Te puedo garantizar de que cuando establezcas una relación con Dios, podrás entender cual es el potencial y el propósito de tú vida y así dejar de llevar una “S” de simple en el pecho para llevar una de SUPER y de SEGUIDOR, de aquel que pude darnos todas las respuestas que necesitamos.

Si quieres saber como hacerte amigo de Dios chequea la sección preguntas frecuentes o deja un comentario y con gusto responderé a tus interrogantes.

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INTERIOR ROTO

Jesé se levantó de muy buen humor esa mañana. El sol había salido y el cielo estaba muy azul. Empezó su rutina mañanera yendo al baño y haciendo todo lo pertinente. Una buena cepillada, una buena enjabonada y el desodorante de bolita que no puede faltar. Hasta ese momento todo iba bajo control. Miro el reloj de la sala y sin perder más tiempo fue a su cuarto a vestirse para salir a trabajar un nuevo día. Cuando abrió la gaveta de la ropa interior, recordó que tenía una semana sin lavar. Registró bien, pero era evidente; el único interior que había allí adentro era el que tenía el hueco. Por un momento se entusiasmó por no haberlo botado antes, pero cuando lo agarró para ponérselo recordó aquellas profundas palabras de su señora madre: “!Jesé que nunca se te ocurra ponerte un interior sucio o roto, mira que uno nunca sabe lo que puede pasar¡”. En ese momento su reacción fue una sonrisa, y sin pensarlo se puso su interior con hueco incluido.

Salió a trabajar, pero se sentía incomodo y el eco de esas palabras de su mamá retumbaba en su cabeza, pero el mismo se respondía: “!No seas tonto Jesé¡ ¿Qué puede pasar?”. En realidad no era lógico que por ponerse un interior roto algo fuera a suceder, de todas maneras ¿Cual era el problema de usarlo? aunque estuviera deteriorado la ropa interior va por dentro y nadie tiene que verla.

Miró a ambos lados antes de cruzar la calle, sentía una opresión y pensaba que en cualquier momento algo ocurriría. Vio unos hombres de mal aspecto que venían hacia él y muy disimuladamente se quitó el reloj y se lo metió en el bolsillo; sentía paranoia y quería llegar a un sitio seguro. Se paró a esperar el autobús donde siempre y se empezó a comer las uñas, pero cuando vio el autobús se montó rápidamente. El trayecto fue de lo más normal que se puedan imaginar y cuando llegó a su parada la pidió y se bajó del autobús. Corrió hacia la puerta del edificio donde quedaba su oficina, entró y pensó en montarse en el ascensor, pero le dio un mal palpito y decidió subir los 8 pisos poco a poco por la escalera. Cuando vio la puerta de su refugio se abalanzó, quería llegar lo más rápido posible. Al dar el tercer paso se deslizó con mucha potencia hacia atrás y lo último que sintió fue un golpe seco en la cabeza.

Cuando recobró el conocimiento lo llevaban en una camilla y sentía un frío horrible, entonces preguntó: ¿Qué me pasó? Y una enfermera que corría al lado de la camilla le respondió: se resbaló con una concha de cambur y tiene una contusión cerebral, le vamos a hacer una resonancia magnética, quédese tranquilo, todo va a estar bien. Cuando miro su cuerpo estaba totalmente desnudo cubierto por una batica azul muy finita...
Puedes pensar que la enseñanza de ésta historia es que debemos aceptar los consejos de nuestros padres sin importar la edad que tengamos, pero quiero llevarte más allá. Cuando tienes un hueco en tú interior (en tú alma) eres una bomba de tiempo, mientras más intentes ocultar lo que te pasa más evidente se va a hacer, porque en este mundo no hay nada oculto. Tarde o temprano todo se va a saber, no solo que tenías un hueco en tu interior, sino “todo” lo que hay dentro de ti, así que busca ayuda y no permitas que el hueco en tú interior produzca una desgracia.

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Parábolas Tecnológicas© 2008-2010; Reciclando formas de pensar... | por: Juan Manuel Aguiar y Massiel Mathus de Aguiar | Visualización óptima en Firefox©