Su apodo era "Convive" y todos en la plaza lo conocían. Al parecer no tenía muchas preocupaciones, ya que no poseía nada; si te lo cruzaras por la calle lo catalogarías como un "desposeído" pero para él eso no era realmente importante. Mientras pudiera ir a donde quisiera, echarse un trago y compartir con sus amigos todo parecía ir bien. Ya se había curado del rechazo y los insultos de las personas y había procurado lo que él llamaba su "familia de la calle" con quienes compartía un estilo de vida despreocupado.
A pesar de que pudiera despertar lástima o asco, él no se acomplejaba, ni parecía sentirse incómodo con su situación, porque no siempre fue así... después de ser un eficiente gerente de una compañía farmacéutica y haber tenido abundancia, se desencantó de la vida que las personas consideran como normal. Su esposa lo abandonó porque él "no la atendía lo suficiente", eso lo condujo a un estado de alcoholismo profundo. Sus hijos al ver su condición, en vez de ayudarlo, aprovecharon la situación para inhabilitarlo socialmente declarándolo demente y se quedaron con todo lo que con arduo trabajo había logrado, fue allí cuando decidió vivir en la calle, alejado de los estándares sociales aceptables, a merced de la naturaleza.
Todo el ambiente a su alrededor giraba en torno a la navidad, pero para él esas fechas no representaban algo importante, porque los recuerdos que venían a su mente eran de un pasado ingrato. En medio de una borrachera, se asomó a una vitrina donde estaba exhibido un pesebre y una voz empezó a susurrar a su oído. Pensó que era una alucinación auditiva producto del hambre y de la intoxicación etílica que tenía, pero las palabras que escuchaba le producían tanta paz que no quiso dejar de escucharlas... fue allí cuando descubrió que a pesar su apariencia externa, no se había devaluado ante ese que estaba representado por un niño acostado en un pesebre.
"Yo vine a este mundo como hombre porque TE AMO, yo me entregué en una cruz para recuperar tu posición ante Dios. Aunque nadie dé nada por ti, yo decidí dar mi vida y quiero restaurarte desde adentro hacía afuera y darte tu posición de rey, pues para eso naciste y aunque cuando te miras al espejo reflejas podredumbre, todavía hay esperanza... yo deseo que pienses y actúes conforme a la materia prima de donde provienes, fuiste hecho de mi misma naturaleza y te escogí antes de hacer este planeta, así que si tú decides seguirme, transformaré tu espíritu y de esa manera podrás reflejar externamente de lo que estás hecho en lo interior".
En ese momento dirigió su mirada al cielo y tomó la decisión más importante de su vida... Aceptar lo que verdaderamente era: un hijo del Dios del cielo, hecho a su imagen, conforme a su semejanza.
Nuestras apariencias son engañosas, no siempre reflejan exactamente lo que somos o lo que valemos. Algunos parecen estar derrotados y desposeídos, aunque lo tienen todo... otros aparentan tener abundancia y prosperidad aunque tienen carencia de lo más importante. Solo Jesucristo nos valora con exactitud, pues nuestro precio fue su sangre derramada en el calvario. Seamos objetivos y aprendamos a ver a las personas a través de los ojos de aquel que nos dio la vida, el Rey del Universo.
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