PICTIONARY.

Esta semana les traigo una parábola que se que a mis amigos les va a encantar porque nos recuerda momentos gratos. Espero que la puedas entender y que sea de provecho para tu vida...

Ayer me dí cuenta que la vida es como una partida de Pictionary. Estás posicionado en un tablero que es el mundo, tienes una ficha que te representa en ese tablero, tal cual como tenemos un cuerpo que nos permite movernos y relacionarnos en la tierra. Además tienes un tiempo implacable que marca tu estancia en cada casilla y las oportunidades de avanzar. No solo eso, cada casilla representa una categoría distinta, como las distintas áreas en que nos desempeñamos diariamente. Tienes un principio y un fin: en el principio debes acertar para avanzar, tal cual como lo hiciste al llegar de primero al ovulo de tu madre y un final en donde tendrás que acertar de nuevo, pero luchando contra todo aquello que quiere impedir que termines con éxito. Con cada acierto un avance, con un buen equipo, oportunidades de acertar y avanzar más rápido, con un buen dibujante, el éxito asegurado...

Si comparo mi vida con una partida de Pictionary, Jesucristo es mi dibujante. Él siempre me mostrará claramente aquello que me permitirá avanzar y terminar con éxito. Me enseñará que es imposible ser autosuficiente, pues necesitaré de la ayuda de aquellos que me rodean para ver con claridad lo que Él me está mostrando. En ocasiones cuando no consiga respuestas, sabré que “todos juegan” y tendré la capacidad de encontrar pistas en las acciones de los demás. Obviamente la vida no es un juego, ni está regida por el azar de lanzar unos dados, pero si tomamos este ejemplo para entender que necesitamos a Dios marcándonos la pauta y que dependemos de otros para alcanzar el éxito, tendremos una vida amena, como las partidas de Pictionary que compartimos con nuestros amigos.

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SE ME QUEDÓ POR EL BOCHINCHE...

A Bochinche se le pasó el tiempo rápidamente, tanto, que cuando empezó a recordar en que lo había empleado, venían a su memoria escenas de como se divertía con sus juguetes cuando era niño, de como disfrutó su adolescencia rumbeando y haciendo deporte, de cuantos momentos agradables pasó con su novia en la universidad, de como empleó el dinero que le dio su profesión y de lo fugaz que había sido todo eso. Una sonrisa se pintaba en sus labios tras todos esos recuerdos, pero cuando esa película de su vida llegó a su presente se percató que había olvidado usar parte de ese tiempo para definir lo más importante: ¿Quién era?.

El Rey Salomón, el hombre más sabio que la tierra a hospedado, afirmó acertadamente lo siguiente:“Jóvenes: disfruten de su juventud, sean felices, sigan los impulsos de su corazón y gocen de la vida. Pero siempre tengan presente que Dios los juzgará por todo lo que hagan”. Hace poco leí una frase muy interesante, que decía así: “el niño se identifica con lo que tiene, el joven se identifica con lo que hace y el viejo se identifica con lo que es”. Está muy bien que disfrutes de cada etapa de tu vida al máximo, pero aprovecha el tiempo para desarrollar tu identidad. El mismo Salomón continuó diciendo después de lo anterior: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que lleguen los malos tiempos y te aflija la vejez. Así no tendrás que decir: «Desperdicié mi vida»”. El único que nos puede dar identidad es Jesucristo. No se trata simplemente de “tener asegurada la eternidad”, tampoco de “servir a Dios en una iglesia”; se trata de que sepas que “eres un hijo de Dios y un ciudadano del cielo”. Solo con esa convicción podrás llegar a la vejez con la certeza de que tu vida no fue un constante bochinche...

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GENERACIÓN INCONCLUSA.


Pedr Garz nunca quiso terminar lo que empezaba. Empezó a estudiar una carrera, pero como nunca terminaba los exámenes, tampoco se graduó. Le gustaba una muchacha, pero como nunca se le declaró, no se hicieron novios, y tampoco se casaron. Quiso arreglar un carro que le habían regalado, pero cuando le faltaba colocar las llantas, le pareció mejor andar a pie. Salió a cortarse el cabello, pero como le dio flojera, lo dejó crecer hasta el suelo. Se dispuso a escribir su biografía, pero...

Al parecer estamos al frente de una generación con una tendencia a dejar las cosas a medias. Empezamos con ánimo un proyecto, pero al ver que las condiciones se vuelven adversas, renunciamos a nuestros sueños. ¿Cuántas cosas no has terminado últimamente? Todavía hay tiempo para llegar a la meta. Si ponemos nuestra vida en las manos de Dios y desarrollamos la mentalidad de su Reino, tendremos la garantía de que podremos terminar cada cosa que emprendamos. La Biblia asegura que “es Dios mismo quien hace posible que deseemos hacer lo que a él le agrada. Y no sólo eso, sino que también nos da el poder para que lo hagamos”. Así mismo, nos alienta a terminar garantizando su ayuda hasta el final, como lo aseguró Pablo, el escritor del primer siglo en una de sus cartas de la siguiente manera: Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese”. Así que se acabaron las excusas ¡MANOS A LA OBRA!.

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SINERGIA ORGÁNICA.

En el organismo se había formado una revolución cuando cada órgano se promovió como “presidente del cuerpo”. Al momento de inscribir sus candidaturas no hacían promesas, sino que exponían las razones que les daban crédito para ser nombrados como el órgano más importante y vital. El corazón fue el primero en pronunciarse, diciendo que gracias a su gestión la sangre y todos los nutrientes y oxigeno que ésta transporta, podían llegar a cada órgano y garantizar que el cuerpo se mantuviera con vida. Por otro lado, el cerebro respondió jactándose de que su función promovía la vida: regulando la motricidad, el intelecto y la mayoría de las funciones corporales, afirmando además que eso le daba suficiente crédito para imponerse. La sorpresa surgió cuando el intestino aseguró que era el más importante, porque si paralizaba su función el cuerpo colapsaría a causa de la acumulación de toxinas y desperdicios. Así cada uno de los órganos expuso sus razones y fueron a elecciones generales. Al final del conteo, no hubo ningún ganador, ya que cada uno voto por si mismo. La conclusión: cada uno de los órganos tiene una importancia vital, ya que cada uno depende del otro para lograr todo su potencial y alcanzar el equilibrio en ese espacio que comparten, llamado cuerpo.

Al igual que los órganos en el breve relato anterior, cada uno de nosotros, los seres humanos, necesitamos de otros para poder alcanzar nuestro máximo potencial en éste planeta llamado tierra. Un ejemplo evidente de ésto es que Dios tuvo que hacerse hombre en la persona de Jesucristo para reparar el defecto de fabrica de la humanidad, que en el ámbito religioso es llamado pecado. ¿Para qué? Para que podamos ser parte de un organismo que Dios diseñó antes de crear al hombre. La iglesia, también llamada parádojicamente “el cuerpo de Cristo”. La única forma de comprender nuestro propósito y limitaciones solo es posible dentro de esa familia espiritual y la garantía de que el potencial humano puede ser totalmente desarrollado y utilizado es formando parte de ese organismo que ésta vivo y más vigente que nunca.




“La única forma en que el hombre puede lograr su independencia es aprendiendo a depender de Dios. El sentido de autosuficiencia es la limitación más grande de la humanidad”. Juan M. Aguiar.

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¡FELIZ AÑO 2009!

En Parábolas Tecnológicas estamos agradecidos por empezar un nuevo año con tu presencia y apoyo, por eso vamos ante el Rey del universo a pedirle que éste año sea sobrenaturalmente productivo y exitoso para tu vida; pero no te saldrá gratis. Te pedimos que hagas una pequeña oración por nosotros en éste momento... Sigue apoyándonos, leyendo y compartiendo éstas parábolas que con mucho amor e inspiración del Reino de Dios preparamos para ti. ¡Muchas gracias!

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¿HÉROES ANÓNIMOS O ENEMIGOS PÚBLICOS?

Con cada amanecer un nuevo reto, una nueva situación que afrontar, una nueva batalla que librar; así es la vida de aquellos seres que cada día luchan por la justicia. Lo más increíble es que personalmente nunca se llevan el crédito de las hazañas que realizan, sino que se lo dan al nombre que representan. Muchas personas piensan que éstos personajes solo tienen cabida en un mundo fantástico, como metropólis ó smallville, pero lo cierto es que caminan por las calles de nuestra ciudad y hasta pueden estar presentes en nuestras propias familias. Quiero que sepan que no me refiero a Batman, Superman, tampoco a algún filántropo que dedica parte de su dinero a la beneficencia y mucho menos a artistas de cine ó cantantes famosos, sino a personas que son rechazadas cuando confiesan aquello que los hace nadar contra la corriente, cuando manifiestan un estilo de vida totalmente contrario a lo que la sociedad cataloga como "normal". ¿Por qué viven bajo esa tensión? No porque tengan deudas ó algún mérito que alcanzar, sino porque han sido impactados por un amor sobrenatural que los ha hecho cambiar su manera de pensar y de ver el mundo que los rodea. Y es que sin pensarlo recibieron la capacidad de ver y creer en lo invisible y junto a ésto un poder ilimitado e inimitable que emana de su interior y se proyecta al ambiente que los rodea. Sí, te has burlado de ellos y te parecen que son raros, pero lo único que los diferencia de ti es su cultura. Ellos desean que los imites como ellos mismos imitan a su Papá, ellos te quieren influenciar, pero no para tener poder sobre ti, sino para que compartas la felicidad y la sobreabundancia que experimentan a diario. Me refiero a los hijos de Dios, a aquellos que voluntariamente se dieron en adopción y decidieron formar parte de la "Familia del Rey", aquellos que tienen esperanza y seguridad de que hay una eternidad, que puede empezar a vivirse desde el mismo momento que deciden seguir a aquel humilde carpintero de Galilea, a Jesucristo, el Salvador de la humanidad. ¿Quieres empezar bien el año? decide ser un ciudadano del Reino de Dios.

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