PICTIONARY.
Esta semana les traigo una parábola que se que a mis amigos les va a encantar porque nos recuerda momentos gratos. Espero que la puedas entender y que sea de provecho para tu vida...
Ayer me dí cuenta que la vida es como una partida de Pictionary. Estás posicionado en un tablero que es el mundo, tienes una ficha que te representa en ese tablero, tal cual como tenemos un cuerpo que nos permite movernos y relacionarnos en la tierra. Además tienes un tiempo implacable que marca tu estancia en cada casilla y las oportunidades de avanzar. No solo eso, cada casilla representa una categoría distinta, como las distintas áreas en que nos desempeñamos diariamente. Tienes un principio y un fin: en el principio debes acertar para avanzar, tal cual como lo hiciste al llegar de primero al ovulo de tu madre y un final en donde tendrás que acertar de nuevo, pero luchando contra todo aquello que quiere impedir que termines con éxito. Con cada acierto un avance, con un buen equipo, oportunidades de acertar y avanzar más rápido, con un buen dibujante, el éxito asegurado...
Si comparo mi vida con una partida de Pictionary, Jesucristo es mi dibujante. Él siempre me mostrará claramente aquello que me permitirá avanzar y terminar con éxito. Me enseñará que es imposible ser autosuficiente, pues necesitaré de la ayuda de aquellos que me rodean para ver con claridad lo que Él me está mostrando. En ocasiones cuando no consiga respuestas, sabré que “todos juegan” y tendré la capacidad de encontrar pistas en las acciones de los demás. Obviamente la vida no es un juego, ni está regida por el azar de lanzar unos dados, pero si tomamos este ejemplo para entender que necesitamos a Dios marcándonos la pauta y que dependemos de otros para alcanzar el éxito, tendremos una vida amena, como las partidas de Pictionary que compartimos con nuestros amigos.











