LI- VER- DAD.
Feik Fridom siempre hizo lo que quería. Desde muy temprana edad decidió romper las reglas y hacer las cosas a su manera. Logró experimentar los placeres más intensos y anhelados por los hombres, pero aún así seguía en una carrera en donde no había meta, sino un constante deseo de experimentar libertad a costa de lo que fuera, incluso de su propia vida. Invirtió cada segundo de su existencia en pos de eso, hasta que un día todo cambió por un pequeño "error". Eso le costó cada cosa que había obtenido: sus riquezas, sus placeres y hasta sus reglas; pero en medio de esa gran pérdida se dio cuenta que por fin había encontrado lo que estaba buscando: la verdadera libertad... En una pequeña celda entendió que la libertad no consiste en hacer lo que te da la gana, sino en la capacidad de hacer lo correcto sin temor y sin pesar.
La libertad tiene su "clon malvado" llamado libertinaje. Nuestra sociedad nos ha vendido el falso concepto de que si hacemos lo que nos venga en gana somos libres, pero cuando decidimos vivir de esa manera terminamos esclavizados a nuestra "supuesta" libertad. Dios nos puso sobre todo lo creado, pero no sobre los demás hombres. Tratar de ejercer dominio sobre los demás es esclavitud, porque intentamos tomar el papel de Dios. El afán por tener cosas y los vicios son esclavitud, porque permitimos que lo creado nos domine. Darle a Dios el primer lugar en nuestras vidas y obedecerlo es libertad, porque permitimos que su autoridad y soberanía sea la que controle el universo, y hacemos que sus principios dirijan nuestra vida, haciéndonos verdaderamente libres e influyentes.











