BAJO PRESIÓN.
Desde niño Jean siempre soñó con visitar el arrecife de coral para ver el pacifico y maravilloso mundo submarino y a medida que fue creciendo, haciendo ésa idea una obsesión. Puso todo su empeño en aprender las técnicas y en adquirir el equipo necesario para hacerse buzo, convirtiendo su pasión en un estilo de vida. A pesar de tener muchas horas de inmersión y de ser un especialista en el área, nunca pudo controlar el efecto de la presión del agua sobre su cuerpo.
Una mañana decidió hacer lo que por veinte años hacía con frecuencia... ir a visitar el arrecife de coral. Estaba ansioso, porque el día anterior consiguió evidencia de un naufragio antiguo en un cuadrante marino que había estado revisando. De la excitación, no tomó en cuenta que si descendía muy rápido se sentiría como borracho debido a la narcosis por nitrógeno, pero como había algo “prometedor” se abalanzó sin pensar hacia las profundidades. Mientras tanto, su esposa (que era su única acompañante) esperaba en el bote por buenas noticias. Jean removía con afán el lecho marino y observaba con emoción como empezaron a emerger objetos antiguos. Se sintió abrumado por la belleza de lo que tenía ante sus ojos, pero no podía pensar claramente y en un instante perdió la noción de donde se encontraba. Al dirigir su mirada hacía arriba, se dio cuenta que estaba en el fondo del mar... sintió terror y en medio de la confusión se aferró a una piedra y se quitó la careta. Creo que te imaginaras lo que sigue...
Viajar a las profundidades del océano puede ser una experiencia inolvidable, pero al tratar de penetrar en un ecosistema ajeno al nuestro, se evidencia que nuestro diseño original no estaba pensado para un ambiente acuático. De la misma manera, no fuimos diseñados para vivir sujetos a la presión aplastante del pecado, que es tan frecuente y tan “normal” en nuestro mundo, que nos hace pensar que no hay otra manera de hacer las cosas. El detalle está en entender que hay principios que rigen el universo y que si son violados nos conducen directamente a la muerte. Sé que el deseo de ser mejor y de lograr el éxito en un mundo tan competitivo requiere de medidas extremas, pero ¿Por que ir buceando cuando existen los submarinos?. Romper las reglas no es una opción cuando hay formas “correctas” de alcanzar nuestro tesoro, así que detente un momento, no olvides las normas esenciales y encamínate hacía tu destino de la manera segura. No te pongas a inventar, no vaya a ser que te pase como a Jean...
Es un consejo cariñoso de mi parte. ¡Se les quiere!








