¿SECRETOS ETERNOS?

En la familia Fairpleiz se había desatado un conflicto. Las acusaciones y los gritos retumbaban en la habitación de Tony, el único hijo de la familia. Y es que su madre se sentía triste y decepcionada al encontrar a su "niño" fumando a escondidas en la habitación. El tono de su voz iba en aumento con la finalidad de que "llegaran refuerzos", pero Antonio estaba inerte en el sofá de la sala viendo un partido de fútbol. No iba a ver que pasaba en la habitación de Tony, porque desde hacía tiempo había notado el olor a cigarrillo que manaba desde allí y a pesar de tener la autoridad como padre no se atrevía a ejercerla porque siempre había sido un mal ejemplo para su hijo; él mismo fumaba 3 cajetillas diarias.
Diana no estaba dispuesta a aceptar que otro miembro de la familia fumara, pues consideraba suficientes los 20 años que llevaba de fumador pasivo por culpa de su esposo. Tony, por su parte, se sentía avergonzado, pero estaba dispuesto a sacar ventaja del ejemplo de su padre.
Lo que ninguno de ellos sospechaba que hay 3 cosas imposibles de ocultar. El humo, la tos y la muerte. Tony pensaba que se salía con la suya fumando a escondidas, Diana sostenía que su tos era el producto de una bronquitis y temía revelar a su hijo que su padre Antonio luchaba contra el cáncer; y Antonio trataba de disimular con indiferencia que realmente Diana era la que estaba padeciendo la enfermedad, pero que por temor a su reacción había cambiado los nombres del diagnóstico.
No hay secreto sostenible eternamente. Si tratamos de ocultar ciertas cosas concernientes a nosotros, o a los demás lo único que haremos es empeorar la situación. Además, por mucho que nos esforcemos nunca podremos ocultarle algo a Dios, hasta nuestros pensamientos más profundos Él los conoce.
La moraleja de ésta parábola es simplemente que no hay nada más importante en nuestra vida que ser sinceros y transparentes, por nuestro bien y el de los demás.










