¿SECRETOS ETERNOS?


En la familia Fairpleiz se había desatado un conflicto. Las acusaciones y los gritos retumbaban en la habitación de Tony, el único hijo de la familia. Y es que su madre se sentía triste y decepcionada al encontrar a su "niño" fumando a escondidas en la habitación. El tono de su voz iba en aumento con la finalidad de que "llegaran refuerzos", pero Antonio estaba inerte en el sofá de la sala viendo un partido de fútbol. No iba a ver que pasaba en la habitación de Tony, porque desde hacía tiempo había notado el olor a cigarrillo que manaba desde allí y a pesar de tener la autoridad como padre no se atrevía a ejercerla porque siempre había sido un mal ejemplo para su hijo; él mismo fumaba 3 cajetillas diarias.

Diana no estaba dispuesta a aceptar que otro miembro de la familia fumara, pues consideraba suficientes los 20 años que llevaba de fumador pasivo por culpa de su esposo. Tony, por su parte, se sentía avergonzado, pero estaba dispuesto a sacar ventaja del ejemplo de su padre.

Lo que ninguno de ellos sospechaba que hay 3 cosas imposibles de ocultar. El humo, la tos y la muerte. Tony pensaba que se salía con la suya fumando a escondidas, Diana sostenía que su tos era el producto de una bronquitis y temía revelar a su hijo que su padre Antonio luchaba contra el cáncer; y Antonio trataba de disimular con indiferencia que realmente Diana era la que estaba padeciendo la enfermedad, pero que por temor a su reacción había cambiado los nombres del diagnóstico.

No hay secreto sostenible eternamente. Si tratamos de ocultar ciertas cosas concernientes a nosotros, o a los demás lo único que haremos es empeorar la situación. Además, por mucho que nos esforcemos nunca podremos ocultarle algo a Dios, hasta nuestros pensamientos más profundos Él los conoce.

La moraleja de ésta parábola es simplemente que no hay nada más importante en nuestra vida que ser sinceros y transparentes, por nuestro bien y el de los demás.

¡Cuidado con lo que intentas ocultar!

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LOS NIÑOS DEL CABLE.

Daisy, Claudia, Jamir y Jhon Freddy tienen edades que oscilan entre los 7 y 11 años de edad y son catalogados “los niños del cable”. No precisamente porque pasen todo el día viendo “Discovery Kids”, sino porque para llegar a su escuelita rural tienen que descender por un cable de acero, en un trayecto de 800 metros de largo, a una altura de 200 metros, solo con la ayuda de unas desgastadas poleas y unas improvisadas y poco resistentes cuerdas. El descenso a toda velocidad dura entre 30 y 40 segundos y al llegar al final del cable frenan con una horqueta de palo. Para regresar a casa después de clases deben subir un cerro y volver por otro cable que los lleva de nuevo al puente. Obviamente estos niños no tienen la más mínima conciencia del peligro que corren diariamente al hacer ese recorrido sin los equipos necesarios, o por lo menos , el deseo de aprender les hace obviar (con algún tipo de valentía sobrenatural) el hecho de que si se rompe la cuerda que los sujeta, o si se tranca la polea, pueden caer al vacío.

Mientras mi esposa y yo veíamos el reportaje sobre estos niños (que lo pueden encontrar en YouTube ) no pudimos ignorar una realidad espiritual que salta a la vista. ¡Las condiciones ideales jamás estarán dadas!. Si los “niños del cable” decidieran no ir a la escuela hasta tener equipos especiales, lo más seguro es que se quedarían sin educación, pero hay una motivación que los sobrepasa y que los impulsa a seguir, el deseo de APRENDER. Esa pasión los mueve a hacer su recorrido extremo día a día y la inocencia les hace tener fe de que no se van a caer al vacío.

Deberíamos aprender un poco de ellos. No quiero decir que debemos arriesgar nuestras vidas para conseguir lo que se nos antoja, sino más bien dejar de ir tras las “cosas” y encontrar nuestra PASIÓN. Tenemos buenas expectativas y la motivación de ser excelentes, pero nos olvidamos que la vida y la estabilidad no dependen de nosotros, sino de Dios quien controla todo lo que sucede en el Universo. La experiencia cotidiana de cada ser humano no se diferencia mucho de la de esos niños, porque a cada nivel los peligros son diferentes; el detalle está en que la confianza de ellos no está puesta en lo que son capaces de hacer, sino en que los sostiene. Si dejamos de confiar en lo que somos, en lo que tenemos y en nuestras capacidades, y ponemos nuestra confianza, nuestros planes y nuestras aspiraciones en Dios, lograremos hacer cosas que rebasan nuestro intelecto...

Nuestra PASIÓN es llegar a ustedes a través de éstas reflexiones. En muchas ocasiones no contamos con el tiempo o los recursos necesarios, pero SIEMPRE confiamos en el hecho de que Dios logrará impactar sus corazones con lo que escribimos, por eso seguimos avanzando sin temor de caer al vacío. La pregunta es:


¿Ya encontraste tu pasión?

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EL POPULAR VIVARACHO.


Vivaracho siempre se las arreglaba para tener todo lo que se le antojaba, pero no por el fruto de su trabajo, sino a través de trampas y tracalerías. Todo comenzó cuando era un niño; cuando uno de sus amiguitos tenía un juguete que le gustaba le insistía por varios días hasta que se lo prestaban, lo llevaba el día de la devolución y se lo entregaba al niño, pero cuando se descuidaba él lo escondía. Después de llorar un rato y dar el juguete por perdido, Vivarachín pasaba buscándolo por donde lo había escondido y se lo quedaba.

A medida que fue creciendo, la astucia de Vivaracho lo hacía también. Ya no solo se quedaba con los juguetes, sino que copiaba en los exámenes, se los robaba del maletín de los maestros para venderlos y hacía que otros lo incluyeran en trabajos que él no había hecho. Esa actitud se fue intensificando, al punto, que empezó a hacerlo no solo "por necesidad", sino por "placer". Para colmo, los que lo rodeaban no lo veían como un tramposo, sino como un héroe y buscaban estar con él para aprender sus artimañas. Una de sus frases más celebres es: "el vivo vive del tonto, y el tonto de su trabajo". Esa frase resumía su forma de pensar; para él el que obtenía las cosas de la manera correcta era simplemente "un tonto".

Cuando se hizo adulto, dejó de emocionarse por "cosas simples" y empezó a planificar trampas a gran escala: fraudes fiscales, estafas, piratería y otras cosas penadas por la ley. Había llegado a un grado de astucia tal, que ni la justicia podía encontrarlo para apresarlo.

Poco a poco éste personaje se fue convirtiendo en una leyenda social y su ejemplo fue quedando inmerso en la cultura, a tal grado que hoy día, al parecer, la mayoría conserva "un pedacito" de Vivaracho por dentro. Comprar o vender música, películas, juegos, entre otras cosas piratas; imitar ropa para que parezca de cierta marca, tener televisión por cable o Internet sin pagar, sobornar a una autoridad, pasarse un semáforo en rojo, llegar tarde a los lugares, tener una buena excusa para todo, etc... es parte del legado que aquel tristemente celebre personaje popular a dejado en cada uno de nosotros...

Pero hay algo que ni aún Vivaracho podrá eludir. Un día estaremos ante Dios, quien ve absolutamente todo lo que hacemos y nos pedirá cuentas por cada acción, pensamiento y palabra que haya salido de nosotros.

¿Cómo podremos eludir ser culpables en ese juicio?

Transformando nuestra mentalidad, nuestra manera de vivir y adoptando la cultura del cielo, que Jesucristo nos vino a enseñar; no hay otra manera de sacar de nuestro subconsciente la influencia que hasta éste día Vivaracho ha ejercido sobre nosotros. Te ánimo a que tomes la decisión de dejar de buscar atajos para obtener las cosas y decidas vivir íntegramente... solo así serás un factor de cambio en ésta sociedad tan corrompida.

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PANDEMIA

Los límites estaban establecidos, las consecuencias eran claras, pero por alguna razón esos dos árboles ejercían un poder de atracción demasiado fuerte sobre ellos. A simple vista no había nada que perder, es más, parecía un despilfarro el dejar que esos frutos tan atractivos se dejaran caer y podrir por un “capricho” del jefe. Por otro lado, tampoco era necesario comerlos, porque todo estaba garantizado en esa plantación: alimento, seguridad, intimidad, todo lo que unos "recién casados" necesitaban para levantar una familia feliz.

Él nunca cuestionó las órdenes del dueño de la hacienda, parecía determinado en sus acciones y estaba claro de que ya todo estaba suplido. Ella por su parte veía la prohibición con suspicacia y pensaba que algo trataba de ocultar el jefe, que podría ser muy bueno para ellos. Lo pensó mucho y solo estaba esperando "una señal" para matar su curiosidad. Eso daba vueltas en su cabeza, pero no lo conversaba con él previniendo un NO rotundo, así que tomó la decisión de dar el paso por su cuenta y “ver que pasaba”...

Sí se comió la fruta, y hasta usó su poder de influencia para que su esposo también la comiera. Aparentemente no había pasado nada malo, no se sintieron enfermos, por el contrario se sentían con "la mente más clara", pero en su sistema se había liberado el asintomático virus de la rebeldía; fue así como la influencia del PK2 pasó a toda la humanidad.

Últimamente hemos escuchado mucho acerca del virus AH1N1 y observamos como el mundo está en alerta ante una posible pandemia; lo que no hemos tomado muy en cuenta es que hace unos seis mil años se liberó el virus de la rebeldía en éste mundo y hoy en día estamos atestados de los signos de ésta enfermedad: guerras, asesinatos, divorcios, violaciones, entre muchos otros efectos devastadores. El AH1N1 puede causar muerte física, pero el PK2 genera muerte física, emocional y espiritual.

Jesucristo es la única medida de inmunización contra el PK2; Él mismo vivió en la tierra sin padecerla, y a través de su sangre nos ofrece los anticuerpos que necesitamos para vivir eternamente.


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BANQUETE.

No había mesa, ni sillas, ni cubiertos, ni platos, y por sobre todo, no habían apariencias. En hojas nos sirvieron pescado de río con yuca y plátanos. Con una alegría que saltaba a sus rostros y con un amor indiscutible, nuestros amigos Yanomamis nos prepararon un banquete a la manera de la selva. Quizás muchos dudarían comer con las manos, sentados en el suelo de tierra y beber "yucuta" en un vaso comunal; pero de corazón les digo que desde hacía bastante tiempo no comía algo tan sano, natural y sabroso como ese almuerzo. Los Yanomamis por su parte estaban felices, porque la abundancia que había ese día, es muy poco usual en sus comunidades. Otro asunto muy interesante es que la comida no estaba condimentada, pero su sabor saltaba al gusto. La apariencia de los alimentos no era lo más importante, sino la libertad que sentíamos al poder comer sin tanto protocolo como usualmente lo hacemos.

Al vivir esta experiencia tan agradable pude reflexionar sobre varios asuntos que para los que vivimos en la ciudad son muy cotidianos, como por ejemplo:

Cuanto nos quejamos cuando vamos al supermercado y no encontramos algo que se nos antoja, mientras nuestros hermanos de las etnias en la selva, pasan días enteros sin comer por la escasez de alimentos.

Cuan exigentes llegamos a ser con la apariencia de los alimentos y muchas veces ni siquiera tomamos en cuenta que tan sanos o alimenticios son; comemos con los ojos en vez de comer con la boca.

Que protocolares llegamos a ser al momento de sentarnos a la mesa, olvidando que el tiempo de comer puede ser una excelente oportunidad para compartir y acercarnos a los que nos rodean.


El tiempo que pasamos en el Amazonas, nos acercó mucho a Dios, a nuestros compañeros de viaje, a los misioneros que entregan su vida yéndose a lugares lejanos a ofrecer cada segundo de su vida a otros y especialmente a esos chiquitines con un inmenso corazón y con una elocuencia indescriptible en sus acciones y reacciones; nuestros ancestros Los Yanomamis.

Dejemos de ser tan exigentes y superficiales. Estemos agradecidos con Dios, porque verdaderamente, si estamos frente una computadora leyendo ésto, significa que tenemos acceso a cosas que solo están en los sueños de algunos. Les invito a que se animen y ofrezcan un poco de su tiempo a viajar a esos lugares donde hay tanta necesidad para ayudar, les garantizo que nunca volverán a ser iguales.

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