SUEÑOS CUMPLIDOS.

En estos días hemos visto como un grupo de jóvenes futbolistas venezolanos realizaron un sueño nacional al clasificar al mundial de fútbol SUB- 20. Quizás en otros países el hecho de que su selección nacional asista a un evento mundial es algo cotidiano, pero en nuestro país, hasta hace muy poco tiempo atrás esto se consideraba como un imposible. Y es que durante muchos años contábamos con un potencial latente que por falta de estimulo no surgía ni producía frutos. Ahora nos pudimos alegrar al ver a nuestra generación de relevo estrenarse en un mundial ganando su primer partido a un país con larga tradición futbolística como Nigeria con un marcador de 1 x 0 y no solo eso, sino que debido al éxito obtenido y al apoyo de los seguidores de nuestra selección que siguieron al equipo hasta Egipto, conseguimos una nueva victoria, goleando a la selección de Tahiti 8 goles por 0.

Pero... ¿Qué fue lo que cambió para que éste sueño se hiciera realidad? Definitivamente la mentalidad. Durante mucho tiempo tuvimos un complejo de inferioridad futbolística que se reflejaba no solo en los resultados, sino hasta en la apariencia y la condición física de nuestros jugadores. Existe una herramienta poderosa para cumplir imposibles: creer contra todo pronóstico que se puede alcanzar una meta. En el lenguaje espiritual, ésto es catalogado como fe. Pero para ejercitar ésta “FE”, necesitamos comprender que la credulidad no se alcanza con la pasividad. Un componente viene de Dios y un componente lo pone el hombre. Para poder llegar a un mundial, no solo sirve pensar en positivo, ésto tiene que estar acompañado por una buena preparación física y técnica.

Esa realidad se aplica igualmente a la vida individual de cada ser humano. Dios utilizó la mejor materia prima en cada uno de nosotros y nos diseñó con especial cuidado, pero eso no nos garantiza el éxito. Primero es necesario reconectarnos con aquel que nos fabricó, porque solo Él tiene en claro el propósito para el cual fuimos hechos. Una vez que conozcamos nuestro potencial, debemos entender que necesitamos una fuente de poder (FE) conectada a una nueva mentalidad, acorde a nuestra razón de ser. Y por último debemos actuar en pos de ese propósito, es decir poner la parte que nos corresponde, ir tras el sueño en el cual podremos invertir nuestra vida y encontrar una razón valedera para esforzarnos cada día. Con ésta formula de tres elementos lograremos cumplir nuestros sueños y encontrar verdaderamente la felicidad.

¡Hasta la próxima semana y apoyemos a nuestra vinotinto!

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LO APARENTE Y LO REAL.

Goete había encontrado un nuevo empleo y no podía seguir haciéndose cargo de su sobrina huérfana, así que decidió llevar a la niña con su abuelo paterno, quien era el último familiar que podía hacerse cargo de ella. En el camino de regreso al pueblo donde había nacido, Heidi iba tomada de la mano de su tía a la expectativa de lo que le deparaba el futuro. Al entrar en la aldea, sus habitantes reconocieron rápidamente a Goete y saludándola le preguntaban si la niña era su hija, a lo que frecuentemente le tocaba responder que era la hija de su hermana fallecida y que regresaba al pueblo para llevarla a vivir con su abuelo. Al escuchar eso, vez tras vez, la gente enloquecía y reprendía las intenciones de aquella mujer, argumentando que ese hombre de la casa de la pradera (el abuelo de Heidi) era malvado. Por su parte la niña escuchaba los comentarios, pero no aparentaba temor, ya que estaba totalmente distraída con los parajes y los animales que observaba por el camino. Para resumir la historia, la niña se quedó a vivir con aquel tosco anciano y pudo hacer manar de aquel desgastado hombre su verdadera personalidad: bondad, cubierta bajo duras capas de comentarios y prejuicios ajenos y adornada por la dura vida que le correspondió llevar.

Hace días atrás, después de muchos años, volví a ver el primer capítulo de aquel dibujo animado que ocupó algunas horas de mi infancia: "Heidi" y me sorprendí mucho al poder analizar como adulto la situación que atravesaba ese indefenso personaje infantil. Les confieso que me sentí profundamente identificado, porque aunque no soy huérfano (Gracias a Dios), cuando era niño escuché muchos comentarios errados acerca de mi padre, de parte de personas que lo juzgaban sin conocerlo íntimamente, sino en base a su apariencia. Para más colmo, ahora como adulto me ocurre la misma situación con mi Padre celestial (o sea, Dios). Es muy frecuente que las personas establezcan juicios o tomen posiciones a causa de las apariencias, o de experiencias aisladas y en la mayoría de los casos terminan teniendo una imagen totalmente errada de la verdad.

Yo te animo a que te atrevas a conocer a las personas más allá de sus apariencias y también a que conozcas a Dios personalmente, no a través de tu imaginación y mucho menos por medio del ejemplo de alguien que se hace llamar religioso, porque lo más probable es que logres captar una imagen totalmente distorsionada de Él. Si quieres conocer personalmente a Jesucristo, abre la Biblia y sumérgete en sus paginas; de seguro te librarás de todo prejuicio y conocerás al Padre por excelencia.

¡Hasta la próxima semana!
¡Que Dios te haga más productivo de lo naturalmente posible!

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MANSEDUMBRE.


En mi labor como fisioterapeuta, tengo la oportunidad de interactuar con gente muy diversa, pero con un factor en común: la enfermedad; así que en cada ocasión debo estar preparado y cargado de paciencia para establecer afinidad con el paciente e identificarme con su dolor, para poder ayudarlo no solo físicamente, sino también en el ámbito emocional y espiritual, aunque reconozco que no estaba preparado ante la reacción que tendría la esposa de uno de mis pacientes...

Cuando atendemos a una persona de la tercera edad el trabajo puede ser muy rutinario por el hecho de que el anciano atraviesa un proceso que no se puede revertir (la vejez), que sumada a algunos padecimientos físicos los hace estar en cama y los convierte en personas profundamente dependientes. Resulta que cada paciente de éste tipo tiene un horario especifico de visita para su comodidad, pero debido a que iba a suplir a una colega en sus turnos matutinos avisé con anticipación a mis pacientes regulares que cambiaría el horario de visitas durante el tiempo que cumpliría con esa responsabilidad.

El primer día de la semana llegué en el horario replanteado a la casa de mi paciente y me abrieron la puerta, pero una vez que estaba adentro, la esposa del anciano se alteró mucho y empezó a reñir conmigo preguntándome por qué había llegado a esa hora. Obviamente yo le había avisado con anticipación, pero ella lo había olvidado. No sabía que decir, me preocupaba el nivel de ira de la señora y aunque intenté explicarle que le había avisado y que no entendía porque estaba tan molesta, ella parecía ponerse aún peor. Quiero aclarar que el cambio de horario, no influía mucho realmente, porque ambos abuelos permanecen todo el día en casa, pero por educación y ética (aunque no había ninguna razón para ser golpeado por medio de las palabras) me mantuve lo más callado posible y le pedí a la señora que me abriera la puerta, que yo me iría para evitarle tal disgusto, a lo cual se negó siguiendo con el ataque. Por un momento no tuve otra solución que cerrar los ojos y preguntarle a Dios qué estaba pasando y como podría solucionarlo, entonces, de forma sobrenatural empecé a recordar a Jesucristo siendo humillado, golpeado y escupido y vino a mi pensamiento una promesa que está en la Biblia que dice: “...los mansos heredarán la tierra”. Al percibir ésto, empezaron a correr lagrimas por mis ojos (no debido al regaño que recibía, sino a la experiencia que tenía con Dios en ese momento). Cuando la señora se dio cuenta de que yo estaba llorando, cambió su actitud, bajó la guardia, se acercó a mi y abriendo su corazón me pidió que no siguiera llorando, se disculpó y me expresó que temía que los dejara de lado, porque necesitaba mi ayuda y terminó diciéndome: “tienes un corazón de niño” lo que me hizo recordar las palabras de Jesucristo: “ ...si no cambian y se vuelven como un niño, no podrán entrar jamás al reino de Dios”. En ese momento comprendí el gran proceso que Dios ha estado haciendo en mi vida y abracé a la abuela que también empezó a llorar.

Muchos piensan que la humildad es un asunto de pobreza, cosa que es una gran mentira, o que la mansedumbre es una muestra de debilidad, pero la realidad es que son signos muy poderosos de fortaleza espiritual. Nunca podremos acceder al corazón de otros, hasta que el nuestro no esté abierto de par en par, nunca estaremos más cerca de Dios que cuando nos identificamos con las experiencias de Jesucristo, nunca podremos medir que tan profundamente hemos sido trasformados, hasta que no estemos en medio de una prueba. Todo en éste mundo gira entorno a lo espiritual, por eso te ánimo a que establezcas una relación personal con Dios para que aprendas a ver más allá de lo que tus sentidos te permiten percibir.

¡Hasta la próxima semana si Dios quiere!

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