Don Blaind se paraba cada día en la misma esquina a vender tarjetas telefónicas, pues como persona invidente esa era su única fuente de sustento. A pesar de parecer una tarea sencilla, su trabajo era tan complicado como cualquier otro, porque debido a su incapacidad de ver, muchas personas intentaban engañarlo pagando con billetes falsos o de otra denominación más baja. Lo cierto es que como sus ojos no cumplían su función, sus otros sentidos hacían un esfuerzo extra y le daban la información suficiente para que en ninguna ocasión lo pudieran burlar. Los “mal intencionados” se quedaban sorprendidos de la habilidad del señor Blaind para saber distinguir las falsificaciones y las denominaciones de los billetes; lo que no sabían, es que para que esa habilidad fuera desarrollada en él, debió ser engañado muchas veces.

La mejor forma de conocer un billete falso, es reconociendo con detalle uno verdadero. Nuestros sentidos nos brindan mucha información acerca de lo que nos rodea, sin embargo, no siempre esa información es fidedigna. Por eso es vital que desarrollemos un sentido que casi se nos ha atrofiado: “El sentido común”. Cada día tenemos que afrontar una serie de decisiones que afectarán nuestro futuro, y si desconocemos la verdad, por mucha información que nuestros cinco sentidos nos puedan ofrecer, seguimos corriendo el riesgo de equivocarnos. Los errores no deben representar la derrota, sino un aprendizaje. Hay un dicho popular que dice: “Nadie aprende de los errores ajenos” y eso es muy cierto, pero debemos admitir que si aprendiéramos más rápido de nuestros propios errores, no tendríamos tantas preocupaciones.
Una de las herramientas más poderosas para desarrollar el sentido común es la Biblia, pues nos advierte y nos aconseja de forma clara y puntual con respecto a todos los aspectos de la vida, de manera que cuando nos encontramos frente a cualquier situación, no solo contamos con el tacto, el gusto, el oído, la vista, el olfato y nuestra inteligencia, sino también con una sabiduría que ha sido forjada desde la eternidad, nada más y nada menos que la sabiduría de Dios. Quizás alegues que la Biblia no tiene todas las respuestas, y no te puedo contradecir, pero si te puedo asegurar que contiene toda la verdad necesaria para identificar lo falso y ayudarnos a escoger lo que verdaderamente nos conviene, así como Don Blaind cobra el valor exacto de las tarjetas que vende.
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