CUCHARÓN DE MADERA.
Si había alguien que trabajaba arduamente en esa cocina era el cucharón de madera. A diario, siendo guiado por la mano del chef, removía los ingredientes y los mezclaba de manera magistral, llevando de tanto en tanto porciones de la preparación hasta la boca del cocinero para garantizar la perfecta sazón de las más exquisitas recetas. Al momento en que los elogios manaban por la influencia de los sabores en la boca de los comensales, ningún crédito o mención se hacía a su invaluable labor. A pesar de eso, cada vez que terminaban de utilizarlo, era lavado y puesto de nuevo en su lugar esperando la próxima oportunidad de colaborar en la tarea de ofrecer algo bueno a los paladares. Por su parte, los cubiertos de plata se sentían orgullosos de que en ciertas ocasiones especiales los sacaran para sorprender a los invitados y sumar atractivo a la tarea que el inagotable cucharón de madera imperceptiblemente hacía con la mejor disposición y humildad.
Nuestra tendencia humana es el deseo de ser reconocidos por lo que hacemos, sin embargo, la realidad es que en la mayoría de las ocasiones pasamos totalmente desapercibidos. Lo que obviamos con frecuencia es el hecho de que es mejor pasar desapercibidos, pero ser útiles, a que ser reconocidos de vez en cuando, por sumar mérito a algo que nos trasciende. Me explico mejor... Todo lo que es digno de elogio en nosotros, en realidad no nos pertenece; tus dones, habilidades, apariencia, inteligencia, etc. fueron puestos en ti por Dios, tal cual como la madera del árbol de donde se hizo el cucharón, o el metal de donde fueron fabricados los cubiertos. Nuestra función en ésta vida es ser medios por los cuales Dios exprese su grandeza y perfección a todo lo que nos rodea. Dado eso por hecho, si la gente agradece a Dios por lo que aportamos a éste mundo, debemos sentirnos satisfechos, ya que eso significa que no tratamos de robarle el show a aquel que verdaderamente se merece el crédito.
Por eso, si has sentido que no reconocen tu labor, no te deprimas, toma el ejemplo del cucharón de madera, que siempre está limpio y dispuesto a colaborar en hacer de éste mundo un lugar mejor. En un momento determinado esa madera se descompondrá y volverá a la tierra, al igual que nuestros cuerpos, pero nuestra alma y espíritu son eternos, y cada cosa que hacemos en pos del bien de otros nos serán recompensadas en la eternidad. No estamos trabajando en vano ¡Nunca olvides eso!.










