PEDIR CONSEJO.

Entró apesadumbrado en la habitación. La cabeza le pesaba una tonelada, la preocupación le hacía retumbar los oídos con un monologo pesimista y la atmósfera febril del cuarto lo hacía sudar a chorros. Asediado, cayó en la cama como un edificio dinamitado.


En el transcurso de la vida nos encontramos en infinidad de circunstancias donde no encontramos una salida; paradójicamente, en vez de buscar ayuda tenemos la tendencia a aislarnos y a sufrir en silencio. A veces, porque pensamos que si le contamos nuestra situación a alguien le transferimos nuestro problema, en otras ocasiones porque erradamente pensamos que el tiempo y el olvido lo solucionarán. Lo cierto es que, lo más sabio siempre será pedir un consejo.

Una vez que decidiste vencer el aislamiento y acercarte a pedir consejo puede venir a tu mente otra objeción: “¿A quién debo acudir?”. Es cierto que debemos ser cuidadosos a la hora de contar nuestros problemas y de pedir consejo, pero tenemos esperanza, porque siempre hay alguien a quien acudir, solo debemos saber escoger bien el consejero(a) basándonos en los siguientes criterios:

  1. Debe ser una persona imparcial.
  2. Inspirar confianza.
  3. Enseñar con el ejemplo.
  4. Tener experiencia.
  5. Y por encima de todas estas cosas... ser una persona que tenga una relación estable con Dios y que conozca la Biblia.

¿Por qué son tan importantes éstas cosas? Porque nos garantizarán un consejo justo que no estará basado únicamente en lo social o afectivo, sino también en lo espiritual.

Por último, es importante que una vez que recibas el consejo lo pongas en práctica a pesar de que no te convenza, si no genera resultados sigue buscando consejos de personas que cubran los requisitos y aplícalos, pues de seguro podrás encontrar una solución. La Biblia afirma que: “En la multitud de los consejos se encuentra la sabiduría”, así que no te rindas tan rápido.

¿Estas necesitando un consejo?

EL COSTO DE LA VIDA.

Ellos miraban con preocupación como la cajera del supermercado no había pasado ni la mitad de los productos y la cuenta llegaba casi al monto con que disponían para comprar.


Vivimos en una época de crisis financiera. Vemos con preocupación como el poder adquisitivo de la población se asfixia progresivamente debido a la inflación, y por ello hemos ido cambiando nuestros hábitos de consumo; sin embargo, muchos se sienten agobiados al tener que “estirar el presupuesto” constantemente para poder cubrir las necesidades familiares.

Es responsabilidad de los padres preocuparse por el bienestar de sus hijos: que estén bien alimentados, que puedan vestirse adecuadamente y que tengan un techo donde vivir confortablemente. La mayor satisfacción para aquellos que sostienen una familia es ver como a pesar del sacrificio que tienen que hacer, puedan ver como todas las necesidades son cubiertas.

Cuando decidimos formar una familia dejamos a nuestros padres y subconscientemente también abandonamos nuestra dependencia a ellos, lo que en ocasiones nos hace pensar que estamos solos luchando contra el mundo, y nos olvidamos que aparte de nuestros padres biológicos tenemos a un padre celestial que nunca abandona su compromiso de proveernos. Si trabajamos honradamente y ponemos nuestra confianza en Él, podemos estar seguros que en la abundancia o en la escasez tendremos todas las necesidades cubiertas.

Aunque no lo creas Dios conoce el costo de la vida, pues tuvo que entregar la de su hijo para adoptarnos en su familia y así poder suplir nuestras necesidades con amor.

¿Reconoces a Dios como tu proveedor?

 

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