TODO OIDOS...
James es un joven Australiano que trabaja como anfitrión en el club Ren de Tokio, donde las mujeres compran conversación y compañía...
Mientras observaba un documental sobre Japón quedé impresionado al enterarme que en ese país hay personas que se ganan la vida escuchando a desconocidos y que hay personas dispuestas a pagar bastante para tener con quien conversar. Aunque Japón es un país lejano para nosotros, la realidad de esa sociedad tan tecnológica y tradicional no está para nada distante de la nuestra, para muestra de ello, fíjense como proliferan los anuncios en la televisión y la prensa de lineas telefónicas para hacer amigos, encontrar pareja, etc... por otro lado noten el gran éxito que tienen las redes sociales y otras redes de comunicación en Internet.
La comunicación es una necesidad elemental de la humanidad, es parte de nuestro diseño y nos permite compartir ideas, pensamientos y someterlos al criterio de otros. Lo cierto es que pagar por conversar se constituye en un extremo de la decadente condición humana que ignora la existencia de alguien que está preparado las 24 horas del día, los 7 días de la semana para comunicarse con nosotros ¡y sin cobrar a cambio!.
La Biblia dice: “...el Señor cuida a los que hacen el bien, escucha sus oraciones y está en contra del malvado.” La oración no es una fuente de los deseos, ni una caja de emergencias, es un espacio donde el hijo de Dios cuenta con el privilegio de conversar con su creador, sin limitaciones de tiempo, ni de temática, por lo tanto, no dudes de conversar con Él, con fe, teniendo la certeza de que no es un monólogo, sino la más enriquecedora conversación donde eres escuchado(a) y respondido con amor.
Jesucristo te espera ansiosamente.








