TODO OIDOS...


James es un joven Australiano que trabaja como anfitrión en el club Ren de Tokio, donde las mujeres compran conversación y compañía...


Mientras observaba un documental sobre Japón quedé impresionado al enterarme que en ese país hay personas que se ganan la vida escuchando a desconocidos y que hay personas dispuestas a pagar bastante para tener con quien conversar. Aunque Japón es un país lejano para nosotros, la realidad de esa sociedad tan tecnológica y tradicional no está para nada distante de la nuestra, para muestra de ello, fíjense como proliferan los anuncios en la televisión y la prensa de lineas telefónicas para hacer amigos, encontrar pareja, etc... por otro lado noten el gran éxito que tienen las redes sociales y otras redes de comunicación en Internet.

La comunicación es una necesidad elemental de la humanidad, es parte de nuestro diseño y nos permite compartir ideas, pensamientos y someterlos al criterio de otros. Lo cierto es que pagar por conversar se constituye en un extremo de la decadente condición humana que ignora la existencia de alguien que está preparado las 24 horas del día, los 7 días de la semana para comunicarse con nosotros ¡y sin cobrar a cambio!.

La Biblia dice: “...el Señor cuida a los que hacen el bien, escucha sus oraciones y está en contra del malvado.” La oración no es una fuente de los deseos, ni una caja de emergencias, es un espacio donde el hijo de Dios cuenta con el privilegio de conversar con su creador, sin limitaciones de tiempo, ni de temática, por lo tanto, no dudes de conversar con Él, con fe, teniendo la certeza de que no es un monólogo, sino la más enriquecedora conversación donde eres escuchado(a) y respondido con amor.

¿Deseas conversar?
Jesucristo te espera ansiosamente.

¿DIOS CASTIGA?

La tragedia de Claude Eatherly, el piloto que escogió a Hiroshima como blanco de la bomba atómica comenzó a partir de aquel 6 de Agosto de 1945; sintiéndose culpable del genocidio que allí se cometió, trató de expiar su culpa, enviando cartas y dinero a familiares de las víctimas y atracando tiendas sin llevarse el dinero del asalto, en una extraña protesta contra el uso del arma nuclear.

Cada 6 de Agosto se recuerda en Japón, aquel nefasto día en que fue arrojada la bomba atómica sobre el pueblo de Hiroshima, acabando con la vida de ciento veinte mil personas. Es indiscutible el hecho de que esa acción fue un acto de total barbarie militar, sin embargo, deseo centrar la atención no en las víctimas inocentes, sino en una de las personas que “por seguir ordenes” participó de ésta acción y sufrió las consecuencias de no elegir lo correcto en el momento oportuno, Claude Eatherly.

Cada ser humano está constantemente tomando decisiones y éstas marcan su presente y su futuro. La conciencia del bien y del mal es algo que esta arraigado en la mente, sin embargo, cuando se convive continuamente con el mal, esa voz interna se va desgastando poco a poco, hasta el punto de quedar afónica. Sin embargo, cada decisión que tomamos tiene una consecuencia, ya sea inmediata o futura. Muchos piensan que Dios castiga, y que está al acecho del pecador para hacerlo caer en desgracia, pero esa es una doctrina espiritual errada. La Biblia afirma que la paga del pecado es la muerte espiritual, y también afirma que al pecador “arrepentido” Dios no lo rechaza, sino que lo perdona, por lo tanto, Dios perdona al pecador, pero es necesario que el pecador asuma las consecuencias de su pecado.

No podemos asegurar que Claude Eatherly se haya arrepentido de su pecado, lo que si es evidente es que sentía un profundo remordimiento por haber sido participe de una masacre. Debemos tomar su ejemplo para entender que por más que nos esforcemos no podemos remendar las consecuencias de nuestro pecado, que solo Dios puede perdonarnos y regalarnos la paz que necesitamos para asumir las consecuencias y seguir avanzando sin remordimiento. Claude Eatherly murió encerrado en un manicomio y ninguno de sus esfuerzos fueron suficientes para enmendar su falta, no sigas su ejemplo, solo acércate al que te puede perdonar y restaurar por completo, Jesucristo.

 

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